Siempre me ha impresionado su razonamiento, que trasluce el poder de nombrar, privilegio humano. Cuando le damos nombre a algo o a alguien, lo separamos, lo convertimos en único y nos comprometemos con su existencia. Hacemos eso incluso con quien ya tiene nombre: le damos otro solo para nosotros, para hacerlo todavía más único y especial. Ocurre así, por ejemplo, con casi todos los apelativos familiares. De la misma manera, al presentamos a alguien, le otorgamos vía libre para que se dirija a nosotros, para que nos llame, para que entre en nuestra vida. Quizá de ahí el carácter formal, casi de rito, que aún revisten las presentaciones.
Estoy casi seguro de que esos ciento y pico mil niños que no llegaron a nacer el año pasado carecían de nombre, como tantos mendigos que se quedan sin la limosna de nuestra mirada, como tantos estafados, robados, violentados. Todos sin nombre, NN’s como les llaman en Colombia. El anonimato nos hace injustos, con el benéfico donante anónimo como excepción. Le pido a los Reyes Magos que traigan nombres para todos, especialmente para los niños.
Estoy casi seguro de que esos ciento y pico mil niños que no llegaron a nacer el año pasado carecían de nombre, como tantos mendigos que se quedan sin la limosna de nuestra mirada, como tantos estafados, robados, violentados. Todos sin nombre, NN’s como les llaman en Colombia. El anonimato nos hace injustos, con el benéfico donante anónimo como excepción. Le pido a los Reyes Magos que traigan nombres para todos, especialmente para los niños.
-
Escrito por mi amigo Paco Sánchez en su blog WAGON-BAR EL 5 de enero de 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario