Alégrate, hija de Sión,
grita de gozo, Israel, regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de
Jerusalén. Con la primera palabra de este pasaje de Sofonías, Alégrate, saludó
el arcángel Gabriel a María. Y hoy
–cerca de la Navidad- lo leemos como la profecía de la llegada del Salvador
y encontramos ahí descrito el motivo de
nuestro gozo: El Señor ha revocado tu sentencia, ha expulsado a tu enemigo.
El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno. La
presencia de Dios en medio de su pueblo se manifestaba a través de los profetas
y de sus intervenciones para proteger a Israel. Pero ahora la expresión: “el
Señor está en medio de ti” quiere decir otra cosa: Dios se ha hecho hombre.
Al encarnarse en María, está verdaderamente en medio de nosotros, es uno de nosotros. Jesús, que no me
acostumbre a este prodigio, que no deje de asombrarme a ver hecho niño a mi
Creador, mi Dueño y mi Señor. El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente
y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se
alegra contigo como en día de fiesta. Nuestro gozo se apoya en el gozo de
Dios. Con este blog pretendo compartir luces, reflexiones, comentarios, como agradecimiento a todos los que los han sembrado en mí.
domingo, 16 de diciembre de 2012
DOMINGO 16 DE DICIEMBRE, 2012
Alégrate, hija de Sión,
grita de gozo, Israel, regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de
Jerusalén. Con la primera palabra de este pasaje de Sofonías, Alégrate, saludó
el arcángel Gabriel a María. Y hoy
–cerca de la Navidad- lo leemos como la profecía de la llegada del Salvador
y encontramos ahí descrito el motivo de
nuestro gozo: El Señor ha revocado tu sentencia, ha expulsado a tu enemigo.
El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno. La
presencia de Dios en medio de su pueblo se manifestaba a través de los profetas
y de sus intervenciones para proteger a Israel. Pero ahora la expresión: “el
Señor está en medio de ti” quiere decir otra cosa: Dios se ha hecho hombre.
Al encarnarse en María, está verdaderamente en medio de nosotros, es uno de nosotros. Jesús, que no me
acostumbre a este prodigio, que no deje de asombrarme a ver hecho niño a mi
Creador, mi Dueño y mi Señor. El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente
y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se
alegra contigo como en día de fiesta. Nuestro gozo se apoya en el gozo de
Dios. domingo, 9 de diciembre de 2012
DOMINGO, 9 DE DICIEMBRE, 2012
En el año quince del reinado
del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes
virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y
Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la
palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. En este
pasaje de su evangelio, S. Lucas sitúa el comienzo de la salvación en el marco
de la historia del mundo. Con estos detallados datos históricos y cronológicos
nos muestra que lo que va a narrar no son imágenes o símbolos, sino hechos
concretos. El primero de ellos es éste: vino la palabra de Dios sobre Juan,
hijo de Zacarías. Dios es quien toma la iniciativa en los albores de la
salvación. Así lo señala el profeta Baruc en la primera lectura: Jerusalén,
Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un
nombre para siempre: “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”. (…) Dios
traerá a tus hijos con gloria, como llevados en carroza real. Dios ha mandado
abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado
llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con
seguridad, guiado por la gloria de Dios. Ha mandado al boscaje y a los árboles
aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la
luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.viernes, 30 de noviembre de 2012
IDEOLOGÍA DE GÉNERO
Antecedentes. Los antecedentes de esta ideología hay
que buscarlos en el feminismo radical y en los primeros grupos organizados a
favor de una cultura en la que prima la despersonalización absoluta de la
sexualidad. Este primer germen cobró cuerpo con la interpretación sociológica
de la sexualidad llevada a cabo por el informe Kinsey, en los años cincuenta
del siglo pasado. Después, a partir de los años sesenta, alentado por el
influjo de un cierto marxismo que interpreta la relación entre hombre y mujer
en forma de lucha de clases, se ha extendido ampliamente en ciertos ámbitos
culturales. El proceso de “deconstrucción” de la persona, el matrimonio y la
familia, ha venido después propiciado por filosofías inspiradas en el
individualismo liberal, así como por el constructivismo y las corrientes freudo-marxistas.
Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los
hijos: la anticoncepción y el aborto. Después, la práctica de la sexualidad sin
matrimonio: el llamado “amor libre”. Luego, la práctica de la sexualidad sin
amor. Más tarde la “producción” de hijos sin relación sexual: la llamada
reproducción asistida (fecundación in vitro, etc.). Por último, con el anticipo
que significó la cultura unisex y la incorporación del pensamiento feminista
radical, se separó la “sexualidad” de la persona: ya no habría varón y mujer;
el sexo sería un dato anatómico sin relevancia antropológica. El cuerpo ya no
hablaría de la persona, de la complementariedad sexual que expresa la vocación
a la donación, de la vocación al amor. Cada cual podría elegir configurarse
sexualmente como desee.
Así se ha llegado a configurar una
ideología con un lenguaje propio y unos objetivos determinados, de los que no
parece estar ausente la intención de imponer a la sociedad una visión de la
sexualidad que, en aras de un pretendido “liberacionismo”, “desligue” a las
personas de concepciones sobre el sexo, consideradas opresivas y de otros
tiempos.
Descripción de la ideología de género. Con la expresión “ideología de
género” nos referimos a un conjunto sistemático de ideas, encerrado en sí
mismo, que se presenta como teoría científica respecto del “sexo” y de la
persona. Su idea fundamental, derivada de un fuerte dualismo antropológico, es
que el “sexo” sería un mero dato biológico: no configuraría en modo alguno la
realidad de la persona. El “sexo”, la “diferencia sexual” carecería de
significación en la realización de la vocación de la persona al amor. Lo que
existiría –más allá del “sexo” biológico– serían “géneros” o roles que, en
relación con su conducta sexual, dependerían de la libre elección del individuo
en un contexto cultural determinado y dependiente de una determinada
educación [Cfr. Congregación para la Doctrina de la
Fe, Carta sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el
mundo (31.VII.2004), n. 2: «La diferencia corpórea, llamada sexo, se minimiza,
mientras la dimensión estrictamente cultural, llamada género, queda subrayada
al máximo y considerada primaria».].
“Género”, por tanto, es, según esta
ideología un término cultural para indicar las diferencias socioculturales entre
el varón y la mujer. Se dice, por eso, que es necesario distinguir entre lo que
es “dado” por la naturaleza biológica (el “sexo”) y lo que se debe a las
construcciones culturales “hechas” según los roles o tareas que cada sociedad
asigna a los sexos (el “género”). Porque –según se afirma–, es fácil constatar
que, aunque el sexo está enraizado en lo biológico, la conciencia que se tiene
de las implicaciones de la sexualidad y el modo de manifestarse socialmente
están profundamente influidos por el marco sociocultural.
Se puede decir que el núcleo central
de esta ideología es el “dogma” pseudocientífico según el cual el ser humano
nace “sexualmente neutro”. Hay –sostienen– una absoluta separación entre sexo y
género. El género no tendría ninguna base biológica: sería una mera
construcción cultural. Desde esta perspectiva la identidad sexual y los roles
que las personas de uno y otro sexo desempeñan en la sociedad son productos
culturales, sin base alguna en la naturaleza. Cada uno puede optar en cada una
de las situaciones de su vida por el género que desee, independientemente de su
corporeidad. En consecuencia, “hombre” y “masculino” podrían designar tanto un
cuerpo masculino como femenino; y “mujer” y “femenino” podrían señalar tanto un
cuerpo femenino como masculino. Entre otros “géneros” se distinguen: el
masculino, el femenino, el homosexual masculino, el homosexual femenino, el
bisexual, el transexual, etc. La sociedad atribuiría el rol de varón o de mujer
mediante el proceso de socialización y educación de la familia. Lo decisivo en
la construcción de la personalidad sería que cada individuo pudiese elegir
sobre su orientación sexual a partir de sus preferencias. Con esos
planteamientos no puede extrañar que se “exija” que a cualquier “género sexual”
se le reconozcan los mismos derechos. De no hacerlo así, sería discriminatorio
y no respetuoso con su valor personal y social.
Sin necesidad de hacer un análisis profundo, es fácil descubrir que el marco de
fondo en el que se desenvuelve esta ideología es la cultura “pansexualista”.
Una sociedad moderna –se postula– ha de considerar bueno “usar el sexo” como un
objeto más de consumo. Y si no cuenta con un valor personal, si la dimensión
sexual del ser humano carece de una significación personal, nada impide caer en
la valoración superficial de las conductas a partir de la mera utilidad o la
simple satisfacción. Así se termina en el permisivismo más radical y, en última
instancia, en el nihilismo más absoluto. No es difícil constatar las nocivas
consecuencias de este vaciamiento de significado: una cultura que no genera
vida y que vive la tendencia cada vez más acentuada de convertirse en una
cultura de muerte [Cfr. Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 12.].Tomado de: CEE, "La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar", 26.IV,2012 , nn. 54-58
EDUCACIÓN AFECTIVO-SEXUAL
Una educación afectivo-sexual adecuada exige, en primer lugar, cuidar la formación de toda la comunidad cristiana en los fundamentos del evangelio del matrimonio y de la familia. Una buena formación es el mejor modo para responder a los problemas y cuestiones que pueda presentar cualquier ideología. Todos los cristianos responsables de su fe han de estar capacitados para «dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3, 15). Para la consecución de ese objetivo puede prestar un gran servicio el Catecismo de la Iglesia Católica [Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2331-2400.], además de otros documentos relevantes [Al menos: Pontifico Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y Pontificio Consejo de la Familia, Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas (2004).]. En cualquier caso, serán siempre necesarios planteamientos que busquen la formación integral. Ese es el marco adecuado para que la persona responda, como debe hacerlo, a su vocación al amor.
La familia es, sin duda, el lugar
privilegiado para esa educación y formación. Se desarrollan allí las relaciones
personales y afectivas má
s significativas, llamadas a transmitir los
significados básicos de la sexualidad [Cfr. Conferencia Episcopal Española,
Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, nn. 70 y 91.].
La familia es el sujeto primero e insustituible de la formación de sus
miembros. Y por eso, aunque podrá y deberá ser ayudada desde las diferentes
instancias educativas de la Iglesia y del Estado, nunca deberá ser sustituida o
interferida en el derecho-deber que le asiste. Así lo recordaba ya, entre otros
documentos, el Directorio de pastoral familiar [Cfr. Cfr. Conferencia
Episcopal Española, Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en
España n. 93: «Como complemento y ayuda
a la tarea de los padres, es absolutamente necesario que todos los colegios
católicos preparen un programa de educación afectivo-sexual, a partir de
métodos suficientemente comprobados y con la supervisión del obispo. La
delegación diocesana de Pastoral Familiar debe preparar personas expertas en
este campo».]. Pero se hace ahora más urgente si se advierte que las
disposiciones legales al respecto permiten al Estado dirigir este ámbito de
educación. Y no es pequeño el riesgo de sucumbir a las imposiciones de la ya
referida ideología de “género”.
Descubrir la verdad y significado del
lenguaje del cuerpo permitirá saber identificar las expresiones del amor
auténtico y distinguirlas de aquellas que lo falsean. Se estará en disposición
de valorar debidamente el significado de la fecundidad, sin cuyo respeto no es
posible asumir responsablemente la donación propia de la sexualidad en todo su
valor personal. Se abre así a los jóvenes un camino de conocimiento de sí
mismos, que, mediante la integración de las dimensiones implicadas en la
sexualidad –la inclinación natural, las respuestas afectivas, la
complementariedad psicológica y la decisión personal–, les llevará a apreciar
el don maravilloso de la sexualidad y la exigencia moral de vivirlo en su
integridad. Se comprende enseguida que una educación afectivo-sexual auténtica
no es sino una educación en la virtud de la castidad[118].
Tomado de: CEE, "La verdad del amor humano.
Orientaciones sobre el amor conyugal,la ideología de género y la legislación
familiar", 26.IV.2012, nn. 122-126.
DOMINGO 2 DE DICIEMBRE, 2012
Ya llegan días –oráculo del
Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de
Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo
que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y
en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra
justicia”. La venida de Dios a la tierra es el acontecimiento central de la
historia. El Señor lo preparó durante siglos, anunciándolo por boca de los
profetas de Israel. En el tiempo de
Adviento que hoy comienza, la Iglesia actualiza aquellos siglos de espera del
Mesías. Estas palabras del profeta Jeremías son una invitación a apoyarnos en
las promesas de Jesucristo, a pedir y aguardar la bendición divina para
alcanzar la visión de Dios. Hoy podemos servirnos de las palabras del salmo
para levantar nuestra alma hacia el Señor, para poner nuestra confianza en Dios
y dejarnos ayudar por Él: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad; enséñame porque tú eres mi Dios y Salvador.
Que el
Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que
nosotros os amamos a vosotros. Se trata de pedir a Jesús que nos ayude a
cursar la asignatura central de nuestra vida: la caridad; que nos dé su manera
de querer, que es olvido de sí y entrega a los demás. Y que afiance así
vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos
e irreprochables, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Necesito
tu fuerza, tu fortaleza, Jesús, pues yo sólo no puedo. Renueva en mí y en todos
los cristianos el deseo de ser santos.
viernes, 23 de noviembre de 2012
CÓMO CURAR LAS HERIDAS AFECTIVAS DE LOS JÓVENES
Resumen
de la ponencia de Mons. Munilla en el Congreso Nacional de Pastoral Juvenil,
celebrado en Valencia, XI-2012, titulada: "La evangelización de los jóvenes ante
la emergencia afectiva".
1.
Primera herida:
NARCISISMO
Descripción. El narcicismo es quedarse encerrado en la contemplación de uno
mismo. El mito cuenta que una ninfa se enamora de Narciso, y este no le
corresponde. Mientras huía de ella, se queda pasmado ante su propia imagen
reflejada en las aguas de un río, y se enamora perdidamente de sí mismo, lo que
le lleva a lanzarse al agua y morir ahogado. El narcisismo es la incapacidad, o
dificultad de amar a un ‘tú’ distinto de uno mismo. El narcisismo está ligado a
la hipersensibilidad, a la absolutización de los sentimientos y temores, a la
percepción errónea de que todo en la vida gira en torno a uno mismo…
Manifestaciones del
narcisismo.
El narcisismo tiene dos manifestaciones que parecen –sin serlo–
contradictorias. En los momentos de euforia, el Narciso actual tiene la
ridícula pretensión de ocupar en cualquier escenario el puesto de la ‘novia de
la boda’ o del ‘niño del bautizo’. Pero en los momentos de depresión – cada vez
más frecuentes–, nuestro Narciso se
consuela y hasta se complace con ser el ‘muerto del entierro’. Considera
siempre como insuficiente lo que se recibe de los demás, es un mendigo
perpetuamente insatisfecho. Paradójicamente busca ansiosamente la realización personal por
medio de la lamentación victimista: «¡Nadie me hace caso!», «¡Todo me toca a
mí!», «¡Soy un incomprendido!» Aunque las formulaciones sean diferentes en un
momento de ‘subidón’ o de ‘bajonazo’, se
respira siempre por la misma herida afectiva, buscando ansiosamente aprecio,
reconocimiento, elogio, admiración… Sin la sanación del narcisismo es imposible
conocer, amar y –sobre todo– seguir a Jesucristo, en profundidad y con
coherencia; y, en último término, ser feliz.
Qué es amar. La Revelación
judeo-cristiana ha mostrado que amar es
un éxodo. Dios llama a su pueblo para que salga
de su entorno y vaya en busca de
una tierra nueva, distinta, desconocida, sabiendo que Dios quiere su felicidad.
Dios nos ha creado –hombre y mujer- a su imagen y semejanza y nos llama a la
comunión en el amor. Hombres y mujeres somos distintos y complementarios. Amar
es promover el bien que hay en el otro; lo contrario de ‘poseer’ al prójimo,
asimilándolo a uno mismo, hasta el punto de hacerlo desaparecer. El móvil del
joven es de última generación, pero su corazón se asemeja a la tortuga de la aporía
de Zenón («Aquiles y la tortuga»): ésta no parece terminar nunca de llegar a la
meta… a la meta del amor.
2.
CURACIÓN DEL
NARCISISMO
A) La experiencia de ser amado por Dios.
En realidad, lo opuesto al narcisismo no es el autodesprecio, sino una equilibrada
autoestima. La curación del narcisismo pasa por una educación en un sano y
equilibrado amor a uno mismo. Es más, dicho ‘amor a uno mismo’ (‘autoestima’,
que diríamos hoy), es la medida indicada por Cristo para tomarla como
referencia a la hora de amar al prójimo («Amarás al prójimo como a ti mismo»). La
autoestima no proviene de hacer muchas cosas, ni de lograr éxitos, ni de la
apariencia física, sino de saberse amado. Uno de los motivos principales de la
falta de autoestima en nuestra cultura, es la crisis de la familia, unida a la
falta de conciencia del amor personal e incondicional que Dios nos tiene. Por
eso es preciso anunciar a los jóvenes el infinito amor que Dios tiene a cada
persona, sea cual sea su conducta y, sobre todo, ayudarles a adquirir una
experiencia vida y actual de esa realidad, enseñándoles a cultivar la amistad
con Jesucristo vivo y resucitado por medio de la meditación de la Palabra de
Dios contenida en la Sagrada Escritura.
Quien
tiene la experiencia de ser amado incondicionalmente por Dios, se encuentra a
sí mismo, y es entonces cuando puede olvidarse de sí mismo en cada relación con
los demás; pero no por un afán de autodespreciarse, sino porque se siente
sobrado de aprecio y conciencia del amor incondicional recibido de Dios.
Nuestra autoestima no puede depender de
que otros hablen bien o mal de nosotros, ni siquiera de que las cosas nos
salgan mejor o peor… Cristo crucificado es la medida exacta de lo que cada uno
de nosotros valemos para Dios. No se trata de entenderlo solo en la teoría,
sino de interiorizarlo y personalizarlo, haciendo de ello nuestro carnet de
identidad. Sin esta fe, sería literalmente imposible la abnegación de uno
mismo, y estaríamos condenados a la esclavitud del narcisismo .
B)
Redescubrir la Cruz. El Evangelio
de Jesucristo nos presenta y propone la mística del amor, que integra una
ascética del olvido de nosotros mismos y la oblación generosa. Tal vez, en las
últimas décadas no hayamos subrayado los pasajes evangélicos que resaltan esta
dimensión ascética: «El que quiera seguirme, que cargue con su cruz y me siga»,
«El que no está conmigo, está contra mí», «No podéis servir a dos señores», «El
que busque su vida la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará»… El
Evangelio nos presenta la abnegación de uno mismo, como indispensable para la
propia madurez y para poder abrirse al encuentro con Dios.
En
el contexto la crisis afectiva en la que nos encontramos, no es suficiente
proclamar el ideal del amor, sino que es necesario profundizar en los pasajes
del Evangelio en los que la escuela del amor es el Corazón de Cristo. El lugar
del Evangelio en el que la mística y la ascética se unen es la Cruz de Cristo.
La Pasión de Cristo es pura mística y pura ascética, al mismo tiempo. Para
sanar las heridas afectivas de los jóvenes hemos de presentarles la Pasión de
Cristo, no sólo como el lugar en el que se revela el amor divino, sino también
como escuela del amor humano. Sin la escuela de la Cruz de Cristo, el anuncio
de la Resurrección se reduce a un hermoso mensaje de consolación, incapaz de sanar nuestras heridas y de
movernos al amor. Cuando hablamos de ‘resurrección’, estamos hablando siempre
de ‘Resurrección del Crucificado’.
C)
El Sacramento de la Penitencia y el
acompañamiento espiritual para lograr la «la aceptación humilde de la realidad».
El narcisista tiende a refugiarse en la utopía, o escudarse en ella: justifica
su descontento y queja permanente con un falso recurso a los sueños utópicos.
El Evangelio nos enseña a aspirar más
alto, sin despegar los pies del suelo. La aceptación de la realidad no nos
impide aspirar a cambiarla, es más, es un presupuesto indispensable para poder
mejorarla. El narcisista quiere cambiarlo todo menos a sí mismo, mientras que
el cristiano aspira a cambiarlo todo, pero empezando por uno mismo.
El Sacramento de la Penitencia y el
acompañamiento espiritual ayudan a conjugar nuestros ‘ideales’ con nuestra ‘realidad’.
No hay verdadero idealismo si no parte de la propia conversión. El idealismo de
la generación utópica del ‘Mayo del 68’. se tradujo más en una queja contra el
sistema político, que en un esfuerzo por la propia renovación.
En
el ideal cristiano, el máximo de utopía convive junto al máximo de realismo. Se
trata de abrazar la propia realidad –nuestros estudios, las relaciones con la
familia, el trabajo…–, viéndola como el lugar donde sale el Señor a nuestro
encuentro: «Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo», dijo Jesús resucitado.
«Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo
tengo» (cf. Lc 24, 39).
D)
Acercarse al sufrimiento del prójimo.
Una de las mejores formas de superar el narcisismo que lleva a sentirse “víctimas” es acercarse y conocer a las verdaderas
víctimas, es decir, a los ancianos que viven en soledad, enfermos psíquicos que
son esquivados por la sociedad, usuarios
de los comedores de emergencia, pobres del Tercer Mundo… Es una terapia de
choque, muy efectiva para la sanación de
nuestro narcisismo y para la educación en el amor generoso. Los hemos comprobado
en los jóvenes que han participado campos de trabajo, grupos de apoyo a
proyectos misioneros, voluntariado en África u otros lugares, etc. La
experiencia nos ha enseñando la conveniencia de acompañar adecuadamente estas
inserciones en el mundo del dolor y de la marginación. No es la mera pobreza la
que educa el corazón del joven, sino la posibilidad de descubrir a Cristo en
toda situación de sufrimiento. Es Él quien sale al encuentro de los que salen
al encuentro de los sufrientes.
3.
Segunda herida:
PANSEXUALISMO
Descripción. Vivimos en una
‘alerta sexual’ permanente, que condiciona lo más cotidiano de la vida. El bombardeo
de erotismo facilita las adicciones y conductas compulsivas, provoca desequilibrios y la falta de dominio de la
propia voluntad, nos incapacita para para la donación. La fe se ve seriamente
comprometida en la medida en que los jóvenes no mantienen una capacidad crítica
ante una visión fragmentada y desintegrada de la afectividad, la sexualidad y
el amor. Muchos jóvenes han nacido y crecido en este contexto cultural pansexualista
y lo perciben como normal, como el que ha nacido y vivido a seis mil metros de
altura se acostumbra a esa presión
atmosférica. Pero aunque él no se dé cuenta, la presión atmosférica en la que
vive afecta a su organismo y a su salud.
La
pérdida del sentido y valor de la sexualidad. El origen del
amor no se encuentra en el hombre, ya que la fuente originaria del amor es el
misterio de Dios mismo, que se revela y sale al encuentro del hombre. A partir
de ese amor originario entendemos que el hombre ha sido creado para amar, y que
el amor humano es una respuesta al amor divino. La verdad del amor está
inscrita en el lenguaje de nuestro cuerpo. En efecto, el hombre es espíritu y
materia, alma y cuerpo; en una unión sustancial, de forma que el sexo no es una
especie de prótesis en la persona, sino que pertenece a su núcleo más íntimo.
Es la persona misma la que siente y se expresa a través de la sexualidad, de
forma que jugar con el sexo, es jugar con la propia personalidad. A la
situación actual se ha llegado a través de un proceso largo, en la segunda
parte del siglo pasado.
Las
tres rupturas y sus consecuencias. En primer lugar se produjo un ‘divorcio’
entre sexo y procreación: La difusión de la anticoncepción fue determinante. La
utilización masiva de anticonceptivos ha cambiado el modo de enfocar la
sexualidad humana. La relación sexual ya no significa abrir la puerta a la
vida. El gesto sexual se ha banalizado y ha
pasado a ser un gesto sin densidad y sin trascendencia, una mera
diversión, un juego. Al separarse sexo e inicio de vida humana, la vida se ha desvinculado de la
relación sexual: La ‘fecundación in vitro’ termina de completar el desgaje entre sexo y
procreación.
De la mano del primer ‘divorcio’ entre sexo y
procreación, vino el segundo ‘divorcio’ entre amor y matrimonio. El «Mayo del
68» llama ‘fríos papeles grises’ a ese contexto legal que protege a los
débiles: la madre y sobre todo, al niño. Sin embargo, la mentalidad de «Mayo del 68» presenta el matrimonio como
la tumba del amor. ¿Por qué iba a ser necesario un contrato jurídico para vivir
un encuentro sexual cuando dos personas se aman? Muchas parejas conviven antes del matrimonio
El
tercer ‘divorcio’ es la separación entre sexo y amor. Muchas parejas conviven antes del matrimonio,
consecuencia de “divorcio” entre sexo y amor. La sexualidad ha dejado de ser la
expresión de la entrega total de dos personas que se aman, para pasar a ser un
instrumento de diversión, o para hacer
daño: «si él ha jugado conmigo, yo también sabré jugar con otros. No voy a
volver a sufrir de esta manera, no me volverán a hacer daño. Simplemente me
divertiré con ellos».
Como
consecuencia de estas tres rupturas el amor ha dejado de informar la sexualidad
desde dentro. El sexo tendría sentido por sí mismo, y deja de ser un vehículo
del afecto y del amor. Según el Ministerio de Salud Pública, la edad de
comienzo en el consumo del alcohol son los 13 años. Es obvio que el consumo del
alcohol está directamente vinculado a eso que se llama ‘el rollo’, ‘pillar
cacho’. El recurso al alcohol suele conllevar la anulación del sentido del
pudor, y la desinhibición de los principios morales. Esta ruptura entre el
lenguaje sexual del cuerpo y el amor, es una distorsión que incapacita
claramente para la fidelidad. Toda esta deriva dificulta vivir la vocación al
amor en fidelidad, que es lo único que
puede hacernos felices. La infidelidad no sólo impide establecer relaciones de
amor duraderas, sino que impide construir la propia personalidad. La cultura
del ‘rollo’ termina provocando una crisis, porque la idea de que la libertad se identifica con
no comprometerse: la fidelidad implicaría esclavitud, mientras que la
infidelidad implicaría libertad.
4.
CURACIÓN DEL PANSEXUALISMO
A.-
Poner de moda la virtud de la castidad. El cristiano no es alguien
arrastrado por sus pasiones, sino que participa del señorío de Cristo que le
permite ser dueño de sí mismo, gobernar sus tendencias pasionales, poniéndolas
al servicio de los demás, para gloria de Dios. Para poder ‘darse’, primero hay
que ‘poseerse’. La conquista del mundo pasa por la conquista de uno mismo. La
castidad consiste en poner en sintonía lo que expresa el lenguaje corporal
sexual, con la autenticidad del afecto y del amor expresado. Con frecuencia, los
jóvenes que ni viven esta virtud, no lo hacen por una decisión libre y
voluntaria, sino por la esclavitud que genera la dinámica de la lujuria. Cuando
un joven decide a seguir a Cristo con todas las consecuencias, no le resulta tan
fácil romper con todos sus malos hábitos
anteriores: el cuerpo tiene ‘memoria’ y pide su ‘tributo’. La batalla por la
castidad puede ser largapero merece la pena luchar; con la santa rebeldía de
quienes no se conforman con menos que con la bienaventuranza de Cristo:
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios»
B.- Cursos de formación
afectivo-sexual. Una de las grandes
carencias en las familias y en los colegios es la educación en el amor humano.
La felicidad de nuestros jóvenes depende en buena medida del descubrimiento del
verdadero sentido del amor humano, y de la educación para la madurez
afectivo-sexual.
C.- Educación en la belleza. Hoy
en día está muy extendida la mentalidad que reduce los cánones de la belleza a
un modelo corporal erótico, que está lejos de ser expresión de la interioridad
del ser humano y de su riqueza espiritual. El cuerpo deja de ser el icono del
alma, para pasar a ser una incitación de nuestras pasiones. La belleza es el
esplendor de la verdad, al mismo tiempo que «la santidad es la belleza absoluta”.
La belleza es una clave fundamental para la comprensión del misterio de la
existencia. Encierra una invitación a gustar la vida y a abrirse a la plenitud
de la eternidad. La belleza es un destello del Espíritu de Dios que transfigura
la materia, abriendo nuestras mentes al sentido de lo eterno. Dostoievski
escribió: «La belleza salvará al mundo». Pero nosotros no identificamos la
belleza con la «guapura», con lo «atractivo», con lo «placentero»… En realidad,
la belleza no es para nosotros una mera experiencia estética. El concepto pleno
y consumado de belleza se identifica con la «santidad».
5.
Tercera herida: EL
SÍNDROME DE DESCONFIANZA
Descripción.
Este
síndrome presupone una ‘inseguridad en uno mismo’, acompañado de una notable
dificultad para confiar en los otros y en Dios. Los jóvenes tienen la sensación
de no pisar suelo firme y les asusta el futuro. Muchos jóvenes viven aislados
en su Twitter o en su Facebook. La soledad es uno de los grandes dramas de
nuestro tiempo; y difícilmente podrá ser paliada por la comunicación en las
redes sociales, en numerosas ocasiones en el anonimato, a través de un ‘nick’
falso o inidentificable.
Causas. La constatación
del egoísmo que nos rodea lleva a replegarse en uno mismo y hace nacer una desconfianza generalizada hacia el
prójimo, y hasta hacia Dios mismo. Uno de los fenómenos más determinantes en la
extensión de esta desconfianza ha sido el divorcio y la falta de estabilidad
familiar. Cuando un niño o un adolescente escucha a sus padres discutir, faltándose al
respeto, llega a dudar sobre si su familia continuará unida al día siguiente o si
se separarán cualquier día. La crisis de autoridad y la ausencia de referentes morales
dificultan el desarrollo de la confianza
en Dios. Las traiciones en las amistades, así como las infidelidades en las
relaciones amorosas, suelen provocar
decepción y desconfianza hacia todos y hacia todo. Se llega a desconfiar de la
vida en sí misma, e incluso de Dios, autor de la vida.
Consecuencias. Son muchas serias: erosión de las relaciones sociales,
aislamiento personal, suspicacias e hipersensibilidades… La misma experiencia
religiosa puede verse seriamente comprometida por el síndrome de desconfianza.
Al que desconfía de todos, le cuesta mucho confiar en Dios. A los jóvenes de
ahora, las experiencias decepcionantes en esta vida no les llevan a refugiarse
en Dios.
6. CURACIÓN DE LA HERIDA DE LA
DESCONFIANZA
A.- Experiencia de comunión en el seno de la
Iglesia: confiar en los jóvenes, sin asustarse de los riesgos. Cuando un
joven comprueba que nos fiamos de él, que poco a poco vamos delegando en él
pequeñas responsabilidades, que lo sentimos como miembro vivo de la Iglesia y
no como mero cliente de ella, empieza a superar su tendencia a la desconfianza.
Si quieres que alguien confíe en Dios, empieza tú por confiar en él. Al joven
no podemos transmitirle la imagen de que le queremos interesadamente:
exclusivamente para darle un sacramento. ¡No!, le queremos a él, nos interesa
él, su vida, sus inquietudes, sus problemas… Y de ahí se deriva, obviamente,
nuestro deseo de llevarle a Cristo. Como decía San Juan Bosco: «Amad aquello
que aman los jóvenes, y ellos aprenderán a amar lo que vosotros queréis que
amen».
B.- Evangelio de la confianza y del abandono:
El Evangelio de Jesucristo es el Evangelio de la confianza: Pedro camina sobre
las aguas, Jesús nos invita a fijarnos en el cuidado amoroso que Dios tiene de
los lirios del campo, la tempestad calmada, etc. Para aprender a confiar hay
que de afrontar los propios miedos,
mirarlos a los ojos, y comprobar qe, unidos a Cristo, los miedos se disipan
como la nieve al sol. Así nos enseña San Pablo a sanar el síndrome de la
desconfianza: «Después de esto, ¿qué
diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se
reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que
justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía
resucitó, y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros?
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está
escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de
matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado.
Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni
presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra
criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro
Señor»… ¿A qué temeremos? ¿A la oscuridad? –Cristo es nuestra luz ¿A la
soledad? –Cristo es compañero de camino ¿A la pobreza? –Cristo es nuestro
tesoro ¿A la burla? –Cristo es nuestra honra ¿A la propia incapacidad? –El
Espíritu Santo es dador de toda gracia ¿A la enfermedad o a la muerte? –Cristo
es la Resurrección y la Vida.
La
escuela para confiar en el Padre es la vida de Jesucristo: Es verdad que a
veces la vida resulta opaca más que transparente; pero hemos aprendido de
Cristo, que dijo en la cruz «Dios mío,
¿por qué me has abandonado?»; a decir con Él, «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
Como he
dicho al comienzo, no dudemos de que la emergencia afectiva que padece esta
generación, nos ofrece una oportunidad única para recordar a todos los jóvenes
que «Dios es amor», que hemos sido creados en una vocación a la comunión de
amor, y que necesitamos descubrir la eterna novedad del Evangelio de Cristo
para alcanzar nuestra plenitud.
DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE, 2012, JESUCRISTO REY
Mientras miraba, en la visión
nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó
al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los
pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su
reino no tendrá fin. Daniel describe en esta visión oscura y nebulosa la
investidura real del Hijo por parte del Padre, un acontecimiento eterno, previo
a la creación y a la redención. Los profetas suelen ver fundidos en uno los
diversos planos temporales, sin perspectiva. Por eso en este pasaje podemos
ver descrita la segunda venida de
Cristo, que usó estas palabras de Daniel al responder a Caifás: “Veréis al
Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del
cielo”. Así introduce la liturgia de la Palabra la fiesta de Jesucristo,
Rey del universo. El final del año litúrgico sirve para anunciar el último acto
de la historia: la venida triunfal de Jesucristo.
En
aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -“¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le
contestó: -“¿Dices esto por tu cuenta o
te lo han dicho otros de mí?” Aunque el sanedrín había condenado a Jesús a
muerte por blasfemo pues con las palabras de la visión de Daniel se proclamó
Hijo del Altísimo, la acusación que los judíos presentaron ante el procurador
romano fue: “Hemos encontrado a éste sublevando a nuestro pueblo y
prohibiendo pagar tributo al César, y dice que él es Cristo Rey” De ahí la
pregunta con que Jesús responde a la investigación de Pilato.
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